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miércoles, 11 de abril de 2007

Aunque el corazón te llore
demuestra siempre alegría.
Sufre sólo tus dolores
pa que de ti no se rían.

Sólo quisiera
que con mirarte
me comprendieras.

Estas son unas soleares de Camarón de la Isla. Es el final de la segunda canción de su disco "Rosa María", de 1976. Este final me encanta y hay días que no puedo pasar sin escucharlo. Sobre todo porque la primera es una copla que me parece especialmente difícil y que José borda, por supuesto, para los que aún piensan que Don José no sabía cantar.


Pa que quiero los dineros
si no me sirven pa na,
salú es lo que yo quiero
y no la pueo comprá.

Y es que hace poco estuve conversando con un compañero, sobre el cante flamenco en voces de cantaores que poco o nada tienen que ver, más que en que cantan flamenco. Me refiero a Don Calixto Sánchez y al propio Camarón de la Isla.
Por muy purista que se sea, hay algo en la vida que se llama la Belleza en Si, que nada tiene que ver con lo que te gusta o no te gusta. Como decía el amigo Platón:
"¿Crees tú que se diferencian en algo de los ciegos los hombres privados del conocimiento del ser en sí y que no llevan en su alma ningún modelo claro?. No, la diferencia no es grande".
Y, ¿Por qué hablo de la belleza en si? Porque hay que admitir, si se tiene un modelo claro de las cosas, que Camarón ha pasado a la historia del flamenco por una serie de cosas, como son la capacidad que tuvo (él y el equipo que lo acompañaba, como el propio Ricardo Pachón) de innovar en el cante flamenco. Sobre todo por esto, y desde luego por la capacidad que tenía (y ya sólo hablamos de Camarón) de hacer que voz y guitarra se convirtieran en un sólo instrumento.
Calixto Sánchez es un cantaor excepcional y es conocido por cosas completamente diferentes. Su voz perfectamente templada, perfectamente educada y su conocimiento largo del flamenco, lo hacen un auténtico placer para los oídos de cualquier apasionado de este arte. Pero repito, son dos entidades que no se pueden comparar.
Haciendo el mismo símil que hizo mi compañero, que hablaba de comparación de cocineros, sería como comparar a un cocinero que lo mismo te prepara un postre que un plato de cuchara o un pescado al horno, aportando un sabor excepcional y con una técnica exquisita con un cocinero que es capaz de aportar a cada plato un toque nuevo, un rasgo diferenciador o una experiencia totalmente diferente a la esperada. Quizás el puchero del primero esté mucho más rico que el del segundo. Pero eso nada tiene que ver, porque no es comparable.

1 comentario:

Víctor dijo...

"Lo del Barrio os lo perdono, pero que os guste el Flamenco de ese tipo no me lo puedo creer", --decía uno de los becarios de Yerbabuena Software cuando escuchaba uno de los maravillosos cantes de compás que, como comenta Daniel, Camarón hacía como nadie. Y ya lo decía Paco de Lucía "Conociendo a tantos y tantos cantaores, no ha existido nunca uno que afine la voz como lo hace este genio, José".
Otro de los comentarios que se me hizo, además del que comenta mi compañero Daniel era: "Si tu te fijas en la discografía de Camarón verás que como con cuatro o cinco estrofas hacía todas las canciones y las incluía en todos sus discos". Realmente uno se fija, y puede que tenga razón, muchas de las canciones y sobre todo en sus Bulerías aparecen muchas estrofas repetidas, pero no por ello dejan de ser espectaculares en cada momento en que se oyen.
En una ocasión, celebrando una de las Charlas-Concierto de las que formo parte como miembro de la Banda Municipal de Música de Estepona en la que el tema principal era la música de Mozart el director comentaba que el ser humano cuando oye una canción o visualiza una película siempre intenta descubrir cada uno de los detalles de desenlaze que la canción o la filmación esconde, por eso ocurre que podemos estar oyéndola una y otra vez sin parar y no cansarnos. Pero no es así, llega el momento en que no se puede más y paramos de oirla porque, es en ese momento, cuando se ha descubierto todos los detalles y desenlaces que contiene. Qué ocurre más tarde, cuando pasa un cierto tiempo, y recuerdas aquella canción, estás deseando volver a escucharla y volver a descubrir toda su esencia y esperar de nuevo su desenlace. Eso es exactamente lo que ocurre con el Flamenco, y sobre todo con Camarón de la Isla; todos sus matices, entonación, sonoridad, en fin, su esencia y desenlace hacía de su cante, una maravilla.

Siempre Camarón.