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viernes, 29 de marzo de 2013

A manos llenas

Marinerillo, yo que nací marinero
marinero, el mar me corre en la sangre
y en mis ojos los esteros
las salinas es mi cante
y el levante es mi sombrero.

Marinero y ahora no sé qué me pasa
Sevilla cuando te veo
que aunque la marea me arrastre
de tu la(d)o irme no puedo.

Mirando al mar he vivi(d)o
y ahora maldita mi suerte
mi corazón se escapa y remonta el río
remonta el río, Sevilla pa(ra) verte.


Aquella primaverita, mañanica
te dije en tu ventanica que te quería.

Aquella mañana borracho de olores
de incienso y jazmín.
Aquella primaverica, mañanica de abril.

Y el aire en tu pelo tu pelo en el aire
que rojo tu boca de rojo clavel de
aquella primaverica, mañanica que te besé.

y aunque los años trajeran amores que ya se han perdí(d)o
Aquella primerica mañanica no olví(d)o.


Y Al-Mútamid sin Ruma y Quilla
bajó de su caballo y mira Sevilla
por última vez, Torro del Oro, Giralda,
miró por ultima vez,
ante el destierro prefiero una muerte sin Edén.

Y al poeta Al-mútamid,
se le secaron* los ojos del agua del Guadalquivir.

y que me perdone Alá y los sabios del Corán
la meca y mis hermanos
que por quedarme en Sevilla, yo me bautizo Cristiano.


Tristezas y alegrías. Ritmo pausado y ritmo lento. Lluvia y sol. Claros y oscuros. Estas sevillanas (ya sabéis que nunca fui de sevillanas) del descubrimiento de esta semana santa, David Palomar, me han arrancado algo para no poder dejar de escucharlas. Son como este viernes, son como esta semana santa, y aún como unos meses atrás. De sí y de no. De mañana quién sabe. 


Si lloré contigo no fue de pena, fue de alegría,
fue de alegría,
contigo la vía manos llenas siempre venía
contigo mi botella nunca vi medio vacía
si suspiré fue de amor
nunca de angustia, nunca de celo
contigo mi cuerpo tembló de placer, y nunca de miedo.

Y ahora sin tí,
la cruel distancia,
el alma me quema,
suspiro de angustia, tiemblo de miedo y lloro de pena.

* Debería decir inundaron, en realidad.

domingo, 5 de febrero de 2012

Que me has traío tú, Estrella, los recuerdos de Pastora, de Pepe Pinto y de Tomás

El viernes santo en Sevilla
la de los peines está en los balcones
ataviá con la mantilla y el pelo lleno de flores
Pastora está en un balcón
la Macarena se para enfrente
se oye un hilillo de voz
un hilillo de voz muy fino
que se quiebra con el aire
y las gitanas se tiemplan
los cirios le bailan el cante
Domingo frío. Todo el mundo habla de eso. Del frío. "Ay ese frío que viene de la gran Siberia". Pues sí. Pero aquí con mi estufita y mi mantita yo no me acuerdo del frío. Me acuerdo de la voz vibrante del otro gran producto de la casa Morente. Y, como ya he dicho en otras ocasiones, no soy gran amante de las Sevillanas, pero algunas, las que están bien hechas y bien cantás, bienvenidas sean. Hubo, recuerdo, quien criticó esta sevillana de la Estrella, porque según decían intentaba hacer cierta comparación entre ella misma y Pastora. Yo no veo esa comparación, ni esa maldad, por supuesto, ni ese egocentrismo. Para nada. Yo veo un precioso homenaje a esa otra grandísima del cante. De otra mujer, de otra grande, que no se pueden comparar porque son diferentes, como todos somos diferentes, por mucho que se pretenda en estos tiempos que no lo seamos. Sí, amigos, por suerte somos diferentes. Y qué maravilla de diversidad. Que viva la diferencia, porque en ella está la belleza de cada uno de nosotros.
Que esa garganta de oro tenía que estar bendecida
por todos los santos del cielo
lo guardan como un tesoro
y a veces se escucha en el universo

Qué pena qué pena,
Señor del Paño qué pena
el no haberte conocío
no haberte escuchao cantar por cartaganeras
qué pena qué pena,
Señor del Paño qué pena.

qué fue lo que cantaste
que todavía están soñando miles de estrellas
miles de astros
qué voz más bella

La mejor de todos los tiempos
es su cante la veleta
la que disloca a los vientos
los lleva hasta el reino de ella.

De tus suspiros niña, qué emanan.
Qué emanan,
que a mi me quema el aire
la llama de tu garganta.

Mi voz no te conocía
nací y en mis sueños estabas
viendo que te encontraba
tu voz me sirvió de guía
y era yo presa del alma

Esta noche me ha traío
una brisa tu cante
Tu cantar,
que me han llegao a mi los aires de otros tiempos y los quiero yo guardar
que me has traío tú, Pastora, los recuerdos de Pepe Pinto y de Tomás

De Tomás,
La Alameda, la Campana
la saeta y la toná
cuatro puntales sostienen los reyes de la soleá

Ni el sol
ni el lubricán de la tarde
ni el sol despiertan tanta hermosura como el metal de tu voz.

domingo, 19 de abril de 2009

Pa que me llamas

Anoche volvíamos de una barbacoa con amigos en Benajarafe. Por la noche, en la carretera, con la foto de la costa de Málaga iluminada mágicamente, cantaba sevillanas de Camarón con mi gordita a mi lado. Un final perfecto para un buen día.
No podía dejarme estas letrillas sólo para mi:


Me voy a hacer unos zapatitos
del ala de mi sombrero,
muy finos y muy flamenquitos
que es muy flamenco mi zapatero.

Que resuenen mis pasitos,
que es muy flamenco mi zapatero.
Me voy a hacer unos zapatitos
del ala de mi sombrero.

No los he visto más bonitos
que mis zapatitos nuevos
que es muy flamenco mi zapatero.

Ya se van los marineros,
madrugaíta con pan de telera,
madrugaíta se van pa la mar,
ya se van los marineros.

Y el motor rompe el silencio,
madrugaíta se van pa la mar,
madrugaíta con pan de telera,
y el motor rompe el silencio.

Ay mi barrio marinero,
mi barrio, mi barrio.

Dame la mano, dame
súbete a mi barquilla,
flamenca dame la mano,
dame la mano, dame.

Dame la mano, dame,
y súbete a mi barquilla
que el vuelo de tus volantes
salpica mi chaquetilla.

Y el Guadalquivir
dicen que dijo,
si pudiera llegar
hasta el Rocío,
ay, mi río.

Pa qué me llamas,
prima,
pa qué me llamas,
si me crucifica que te mire,
si me crucifica tu mirada.

Si cuando me tienes te retienes
y eres como el vuelo de tu enagua
pa qué me llamas.

Pa qué me llamas,
prima,
pa qué me llamas,
si me crucifica, ay,
pa que me llamas

(tomada de http://www.sitographics.com/expo/Andalucia/source/14.html)

viernes, 6 de abril de 2007

Sevillanas si, pero qué bonito.


[Paco] Enga, al lío.
[Manolo] ¿ Cómo nos sentamos ?
[Paco] Déjame a mi aquí, este es mi perfil bueno.
[Manolo] ¿Tu perfil? Po enga... qué guasa tiene.